jueves, 30 de agosto de 2012

LOPD para todos (I)

En mi opinión, uno de los problemas que hacen que la Ley Orgánica de Protección de Datos de carácter personal (LOPD) sea una auténtica desconocida entre la ciudadanía en general, no ya entre quienes no conocen ni su existencia sino entre aquellos que han oído hablar de ella, es lo ardua que resulta su comprensión; empezando por lo más básico, su terminología. Cosa que tampoco es que sea rara, ya que creo que es algo común a la mayoría de las leyes. Se habla mucho, y desde hace mucho tiempo, de hacer más cercano el lenguaje jurídico a la ciudadanía, y sobre todo en materias que, como ésta, afectan a derechos fundamentales y tienen una gran incidencia en el día a día.

Por tanto, evidentemente, y en el caso que nos ocupa (LOPD) aún más, cualquier esfuerzo que se haga para transmitir de forma comprensible las leyes redundará sin duda en un mayor cumplimiento. En el caso de la LOPD, no sólo porque la ciudadanía en general la conozca más y mejor, y en consecuencia sea más consciente de sus derechos, sino también porque aquellos que tienen que aplicarla en su día a día en las organizaciones también la conocerán más y mejor, y, por consiguiente, estarán más preparados y serán más respetuosos a la hora de tratar datos de terceros.

Todas las autoridades de control existentes (AEPD, AVPD, APDCM y APDCAT), es decir, aquellas que tienen como misión principal velar por el respeto a los derechos que la LOPD nos reconoce en esta materia, realizan una encomiable labor en este sentido, editando y divulgando muy diversos materiales, dirigidos fundamentalmente a la ciudadanía en general, y también, aunque creo que en menor medida, a las personas que diariamente tratan este tipo de datos en las organizaciones.

Dicho lo anterior, en este post me gustaría compartir mi experiencia en la sensibilización y formación entre el personal de las organizaciones, bien se trate de administraciones públicas o empresas.

Uno acude a la sesión correspondiente pertrechado de una presentación ad hoc para la ocasión (personalizada con la problemática de protección de datos concreta de la organización en cuestión, intentando reflejar los conceptos, principios y desarrollo de la normativa de la forma más comprensible de la que uno es capaz, con ejemplos también personalizados de todo ello, y, sobre todo, con muchos dibujitos y colorines), para hacerla más interesante y amena - ni que decir cabe que, para ello, uno se ha estrujado bastante las meninges -, y, nada más empezar, cuando uno ha terminado de explicar los términos de la normativa, la "primera en la frente": se da la vuelta, observa a los asistentes, y:


En resumen, aquellos que miran estupefactos o parecen estar durmiendo son mayoría (bien es cierto que el porcentaje de los que se encuadran dentro de una u otra categoría no parece seguir un patrón simple predeterminado; parece depender del tipo de organización - mayor o menor problemática de ésta con respecto a la protección de datos -, del día que tenga uno mismo o del que tengan los propios asistentes, ... o de otro tipo de factores complejos que se me escapan. En cualquier caso, asunto para el análisis).

Mención aparte merecen aquellos que están sonriendo (eso sí, en número significativamente inferior a las personas de las dos categorías anteriores). Uno se pregunta: ¿lo habrán entendido?, pero enseguida desecha esa posibilidad, porque con el rollo que les has soltado es casi imposible que así sea; ¿se estarán riendo de mí?, y entonces empiezas a mirarte de forma convulsiva, no vaya a ser que tengas roto el patalón, etc.; ¿estarán contentos porque viniendo aquí se han escaqueado un rato del trabajo?, o ... caben infinidad de posibilidades, nunca lo llegarás a saber a ciencia cierta, y decides olvidarte de ello, aunque de lo que sí estás seguro es de que, al igual que el resto, tampoco han entendido nada.

¿Cómo llegas a esa conclusión?. Bien, imagínese el lector del post que es uno de esos asistentes y es la primera vez que oye hablar de la LOPD, y para explicarle tres términos muy básicos de la Ley (pongo sólo tres ejemplos), le sueltan algo parecido a lo siguiente (como digo, yo los intento hacer más comprensibles y pongo ejemplos, pero es que mucho no se puede hacer):

- Responsable del fichero o del tratamiento: Persona física o jurídica, de naturaleza pública o privada, u órgano administrativo, que sólo o conjuntamente con otros decida sobre la finalidad, contenido y uso del tratamiento, aunque no lo realizase materialmente.

- Encargado del tratamiento: La persona física o jurídica, pública o privada, u órgano administrativo que, solo o conjuntamente con otros, trate datos personales por cuenta del responsable del tratamiento o del responsable del fichero, como consecuencia de la existencia de una relación jurídica que le vincula con el mismo y delimita el ámbito de su actuación para la prestación de un servicio.
Podrán ser también encargados del tratamiento los entes sin personalidad jurídica que actúen en el tráfico como sujetos diferenciados.

Afectado o interesado: Persona física titular de los datos que sean objeto del tratamiento.

¿Le extrañan ahora al lector las caras de los asistentes?. Pues a mí, la verdad, para nada. Esto, contado así o parecido, es 'infumable'. Todo ello, sin hablar de  lo que se entiende por otros términos implícitos en las definiciones citadas (tratamiento, etc.) y, ni siquiera, de otros términos que se establecen en la normativa. A mí de estos últimos el que más gracia me hace es el de "tercero" (perdón y prometo no poner ninguno más):

- Tercero: la persona física o jurídica, pública o privada u órgano administrativo distinta del afectado o interesado, del responsable del tratamiento, del responsable del fichero, del encargado del tratamiento y de las personas autorizadas para tratar los datos bajo la autoridad directa del responsable del tratamiento o del encargado del tratamiento.
Podrán ser también terceros los entes sin personalidad jurídica que actúen en el tráfico como sujetos diferenciados.

Nota del autor:  lo de los "entes" que se recoge en dos de estas definiciones, no es que me resulte incomprensible a mí mismo, sino que, directamente, me da hasta miedo.

Posteriormente, comprenderá el lector que el resto de la sesión (todavía hay otras muchas definiciones 'básicas' que explicar y, además, queda lo más importante: niveles de seguridad, medidas organizativas y técnicas, etc.) se convierte en un infierno, tanto para el ponente como para los asistentes, aunque por motivos radicalmente opuestos pero con un fin común: "por favor, pase de mí este cáliz".

Ahorro más detalles. Cuando uno, al fin, consigue finalizar su exposición con la mayor dignidad posible, "Genio y figura hasta la sepultura", y alza la vista, observa que el semblante facial de los asistentes se torna unánimemente a:


Una pequeña satisfacción. No, no es porque piense que hayan entendido nada, ni mucho menos, sino porque, al menos, comprendo lo que significa: se alegran de que hayas terminado y todos ellos prefieren ir a currar que aguantar esta tabarra de la que no se han enterado de nada. Lo que visto desde otro punto de vista no puede ser más frustrante: no sólo porque no han entendido nada (objetivo de la sesión incumplido), sino porque, además, prefieren currar a escucharte (algo inaudito).

Por tanto, teniendo en cuenta la famosa frase de Albert Einstein:

"Haz todo tan simple como sea posible, pero no más simple",

y aún a riesgo de pasarme y de que los ortodoxos en la materia se me "tiren al cuello", estoy pensando en cambiar el enfoque de las sesiones a impartir para simplificar un poco ciertas cosas. Sirva de ejemplo esta pequeña infografía con relación a los términos básicos de la norma a los que se ha hecho referencia en este post:


Lógicamente, todo ello referido a ficheros con datos de carácter personal y al tratamiento de estos datos, aunque haya que matizar ciertas cosas, pero: ¿a que así se entiende mejor?. Si finalmente me lanzo a utilizarla en alguna sesión, prometo publicar en otro post la infografía completa y las caras que ponen los asistentes.

lunes, 20 de agosto de 2012

Sin perdón

Se acabó la tregua de verano. Mariano regresa a su despacho, y vuelven los nervios en torno al futuro a corto plazo de la economía española. Sólo ha hecho falta que el Bundesbank alemán diga por enésima vez "NO" a la pretensión española de que el BCE compre masivamente su deuda pública, para que la prima de riesgo vuelva a subir y la bolsa caiga con fuerza.

Y es que Alemania no cede. Y hay que recordar que aporta el 30% del dinero del que dispone el BCE: nada de comprar masivamente deuda pública de países en apuros, ... No al menos, hasta que esos países,  España en concreto, pidan pública y oficialmente el segundo y definitivo rescate.

Así las cosas, y sin nadie más dispuesto a comprar deuda española sin exigir a cambio una alta contrapartida, el interés que tiene que ofrecer el tesoro español para financiarse vuelve a escalar posiciones, y se mantiene en niveles que todos los expertos entienden, son insostenibles. De hecho, el Wall Street Journal, auténtica biblia para inversores de todo el mundo, advierte que, de seguir así las cosas, es decir, con la actual dificultad para que le concedan crédito a un precio que pueda pagar, España podría verse obligada a pedir a Europa un rescate con unas condiciones similares a las de Grecia. Y ya sabemos qué significa eso: más impuestos, más recortes y más paro.

Nada nuevo ni tampoco inesperado, a pesar de que algunos periódicos españoles insistieran (por aquello del orgullo patrio) en ver durante esta falsa tregua agosteña, una especie de ‘primavera verde’ en lugar del rotundo otoño que nos espera. También en Euskadi por cierto, se diga lo que se diga sobre la pretendida no aplicación de recortes y nuestra situación financiera. Al tiempo ...

domingo, 12 de agosto de 2012

Quién sabe ...

Quien más, quien menos está familiarizado hoy en día con términos como recesión, crisis, mercado financiero o burbuja.

Es tal el acceso a la información, o sobreinformación que tenemos hoy en día, que la terminología nos inunda, incluso sin quererlo.

La economía es algo de la que por otra parte, al afectarnos a todos, todos nos sentimos partícipes y, en ciclos como el actual, todos tenemos nuestras teorías de cómo se resolvería la situación y sobre todo de quiénes son los culpables, esto en el caso de los optimistas, en el caso de los pesimistas tienden a darlo todo por perdido y califican la situación de irreversible, alegando que los viejos tiempos de bonanza nunca volverán y, ciertamente, los viejos tiempos nunca volverán, nunca vuelven. 

Así, encontramos que en función de una corriente de pensamiento u otra, una tribu urbana u otra, tenemos distintas teorías sobre cómo resolver la situación económica actual y sobre todo sobre el origen y responsables de la misma

Modelo "Palestino": A este grupo pertenecen todos aquellos que no tienen o estiman que no tienen nada que perder (sin trabajo, sin bienes, sin perspectivas de futuro), para ellos el origen del problema no es excesivamente relevante: clases altas, sector financiero, etc. Lo que sí tienen claro es cómo lo resolverían: poniendo en jaque al sistema, haciendo las calles arder y paralizando los países a escala global, para demostrar al poder establecido que es el pueblo el que manda, aunque no se tenga muy claro qué es lo que hay que mandar.

Modelo “Currela”:  En este grupo entrarían todos aquellos asalariados que difícilmente llegan a fin de mes y que ven como sus puestos de trabajo están seriamente amenazados. EL origen de los males para este sector de población está más definido: la incompetencia y corrupción de la clase política, avaricia de la clase empresarial y el sector financiero. La solución también es bastante clara: evitar la corrupción de la clase política, que la Banca esté intervenida y obligada a aflojar el crédito y, sobre todo, subida de salarios para mover la economía, ya que por todos es sabido que cuanto más tenemos más gastamos y mis gastos son tus ingresos, es decir, imprimir más billetes para que a fin de cuentas todos tengamos más.

Modelo “Empresario”: Para este sector de población los orígenes de la crisis son similares al de sus trabajadores, a saber: falta de circulación del crédito, sin financiación no se pueden acometer nuevos proyectos ni continuar los existentes, legislación muy rígida en cuanto al mercado laboral se refiere, si el despedir a un trabajador me resulta muy caro será muy difícil que me lance a la contratación, y la falta de productividad de sus empleados, si el sueldo de los empleados es muy alto en relación a lo que obtengo de ellos pierdo competitividad frente al resto de empresas, con lo que a la larga supondrá mi desaparición como empresa.

Las soluciones que propone este segmento de población: flexibilizar el mercado laboral, moderación salarial y aumento de la productividad.

A este tipo de modelos se unen las distintas corriente políticas, entre las cuales unas apuestan por sanear las cuentas mediante la reducción de la deuda, asfixiando la economía en el camino, mientras que otras apuestan por medidas de crecimiento, que hagan que la economía crezca por encima de su endeudamiento para poder a su vez sanear las cuentas, sin tener muy claro cómo se puede incentivar una economía ya de por sí colapsada.

Y a todo esto, ¿Cuál es la opinión del sector financiero?. Siendo el principal agente de la economía,  el que es señalado por la mayoría como el origen de todos los males que nos asolan, alguna opinión tendrá de todo esto, digo yo.

Efectivamente la tienen, pero no es muy conocida o por lo menos no tiene tanta repercusión como las opiniones políticamente correctas de los modelos anteriormente citados. En esencia, el sector financiero lo que opina es que no vivimos en un libre mercado real y que está demasiado influenciado por la clase política. Esto dicho así, en un momento en el que el capitalismo no tiene demasiada buena prensa, puede resultar al menos chocante.

Pero veamos las razones que exponen y cómo algunas de las cuales tienen su fundamento. Para el sector financiero, el origen de todos los males, “la madre del cordero”, por decirlo de algún modo, está en los Bancos Centrales, esas instituciones “públicas” que de forma arbitraria establecen lo que valen las cosas, pero hagamos un poco de historia de cómo se originó la economía y más concretamente el dinero.

Las primeras transacciones económicas, como todo el mundo sabe, se hacían mediante trueque, yo te ofrezco algo que tengo a cambio de algo que tú tienes y que yo necesito. El problema en este caso era, evidentemente,  la falta de reciprocidad. Es decir si yo tengo excedente de vacas y necesito una cabra y tú tienes un excedente de una sola cabra, evidentemente el valor de una cabra y una vaca no es el mismo, la operación de trueque se complica, esto sin tener en cuenta la posibilidad de que no encuentres oferta de aquello que necesitas de una manera inmediata.

Fruto de esta limitación surgió el dinero, que no es más que una forma indirecta para tratar el problema del trueque. Yo tengo mi vaca que la estimo en un valor de X monedas, si tú estás de acuerdo con esa estimación me las pagas y más tarde ya utilizaré esas monedas para comprar otras cosas que pueda necesitar.  

De esta forma el precio en monedas de la vaca lo establece la competitividad del mercado, libremente y de forma natural. Mejores técnicas de explotación harán que automáticamente el precio de las cosas disminuya, porque se podrá producir más con menores costes.  

¿Qué ocurre sin embargo con los Bancos Centrales?. En definitiva lo que hacen es modificar el precio de las cosas de manera artificial, sin que tenga que existir una correspondencia real, ni con la oferta ni con la demanda. Veamos por qué:  

Cuando un Banco Central modifica el tipo de interés para incentivar la economía reduciéndolo, está mandando un mensaje, tanto a empresarios como a particulares, para que se lancen a comprar porque el crédito está barato, sin que necesariamente exista una demanda real.

Esto es como cuando en época de rebajas la gente se lanza como posesa a comprar, por el mero hecho de que está más barato, sin que exista una necesidad real para ello. En el caso de las rebajas todos sabemos lo que termina sucediendo, al furor consumista inicial le sigue un estancamiento del consumo, consecuencia de que nos vemos sin liquidez y con un montón de artículos que no necesitamos, al menos, a corto plazo, y en la mayoría de los casos ni a largo.

Con los Bancos Centrales sucede algo similar, bajan o suben los tipos de interés de forma artificial, para estimular la economía o frenar la inflación a corto plazo, produciendo un daño importante en el largo plazo, cuando es el propio mercado el que debería regir los tipos de interés en función de la oferta y la demanda. De esta manera hemos vivido bastantes años en los que pidiendo dinero a crédito ganabas dinero, esto sucede cuando los tipos de interés están por debajo de la inflación. Si los tipos de interés se fijan a un 2,5% y la inflación está en un 3,5%, resulta más rentable pedir un crédito que tener el dinero quieto en el banco, que es lo que han estado haciendo los bancos en la época de la burbuja, endeudarse a corto plazo y financiar a largo plazo.

Pero entonces, ¿Quién es el responsable de la actual situación: “Los palestinos”“Los Currelas”, “Los Empresarios”, “La clase política” o “El sector Financiero”?.

Inevitablemente, todos somos culpables y resulta difícil decir quién tiene mayor responsabilidad, porque al fin y al cabo a “La clase política” la elegimos nosotros, es la confianza que nosotros le otorgamos la que les permite realizar sus desmanes. Tanto es así que es la clase política la que genera los efectos más dañinos en la economía, veamos por qué:  

Un Gobierno tiene dos formas de financiarse, una es a base de impuestos, un incremento de los mismos puede producir un incremento de liquidez de forma inmediata en las arcas del estado, pero evidentemente es una medida muy impopular que pasará factura en las siguientes elecciones. 

La otra forma de financiarse es a través de la deuda, los estados emiten Bonos que compran principalmente otros países o los bancos centrales con el consiguiente aumento de la inflación, sin embargo esta medida es más popular, ya que todos tenemos asumido que la economía es inflacionista y que los precios siempre suben, porque sí, porque siempre ha sido así, y no lo achacamos directamente a la acción de gobierno.

De tal forma que los ciudadanos perdemos poder adquisitivo, nos empobrecemos en la misma proporción ricos y pobres, con la inflación, y su efecto es igual de injusto socialmente hablando que el efecto del IVA. Por lo que en cierta manera cuando el sector financiero se queja de que el sistema financiero está intervenido por los diferentes Gobiernos no le falta razón, en tanto en cuanto los Bancos Centrales están dirigidos por estos.  

El Sector Financiero, a su vez, tampoco está libre de pecado, ni mucho menos, se ha aprovechado de ser socio preferente de los Gobiernos a cambio de financiación, para que los distintos Gobiernos hayan legislado de tal forma que favoreciesen sus actividades especuladoras. Veamos por qué:  

Los Gobiernos en su momento eliminaron el patrón oro de la economía, es decir, eliminaron la correspondencia en oro que existía de la masa monetaria en curso. De esta forma la economía pasó a basarse puramente en la mera confianza, y la confianza, como bien es sabido, es como una madera podrida, si te apoyas mucho se puede romper y aquí es lo que ha sucedido. 

Con la falta de liquidez simplemente lo que se hacía era imprimir más dinero, olvidándonos de que el dinero no es más que un artilugio que facilita el intercambio de bienes y que de por sí no tiene ningún valor, por lo que, por más dinero que imprimamos eso no va a suponer un enriquecimiento de la sociedad, sino más bien todo lo contrario.

A esto le sumamos que a los bancos se les permite operar con una fracción de los depósitos a la vista de sus clientes, es decir, de aquellos depósitos que pueden retirar en cualquier momento y que los bancos deberían estar obligados a tenerlos siempre disponibles.

La desvergüenza en este sentido es que la legislación permite a los bancos que mantengan únicamente el 2% de los depósitos a la vista de los clientes, pudiendo realizar las operaciones financieras que estimen oportunas con el 98% restante. Mientras esas operaciones sean satisfactorias perfecto, en cuanto empiezan a salir mal es cuando llegan los problemas, que es lo que ha ocurrido con la burbuja inmobiliaria.

Los bancos se endeudaban a corto plazo y financiaban hipotecas a 30 años, “Porque el precio de los inmuebles siempre sube, nunca baja”, y a pesar de que fueran operaciones con alto riesgo de impago los bancos pensaban: “Bueno, aunque los clientes no paguen su hipoteca, yo me quedo con la casa y como el valor de éstas siempre sube, siempre termino ganando dinero, tanto si devuelven el dinero, como si no”, alimentando la burbuja.

Evidentemente este castillo de naipes se derrumbó cuando el índice de impagos fue demasiado elevado y los bancos no podían recolocar el alto número de inmuebles embargados. En este momento su precio empezó a caer y, por tanto, las ganancias que hasta ese momento habían conseguido mediante la burbuja inmobiliaria se tornaron en pérdidas.  

Es entonces cuando empezó a cundir el pánico, y los bancos tuvieron que empezar a ser rescatados por los Gobiernos, es decir, con el dinero de los contribuyentes …

Pero pensemos un poco en los rescates, ¿Por qué un Banco tiene que ser rescatado y no otro tipo de empresas?. Si realmente estamos en un libre mercado, a cualquier empresa que le va mal se la deja morir, sin embargo con los Bancos no, mejor dicho, a algunos bancos sí y a otros no.

Pues bien la causa de que los Bancos tengan que ser rescatados es por el hecho de que los Gobiernos les permiten tener disponible en caja un 2% de los depósitos a la vista, si se dejase caer a los Bancos los clientes de esos Bancos perderían sus ahorros, algo que no ocurriría si los Bancos estuvieran obligados a tener en caja el 100% de los depósitos a la vista de sus clientes, pudiendo operar únicamente con aquellos depósitos a largo plazo u otro tipo de acciones que ya no serían depósitos, serían inversiones. 

De esta forma si un Banco quebrase, los clientes no perderían sus ahorros, porque estarían en caja, y los Bancos no deberían de ser rescatados nunca con el dinero de los contribuyentes, sería únicamente responsabilidad de sus propios accionistas.

Llegados a este punto se concluye que para llegar a esta situación muchas cosas se han tenido que hacer mal y que muchos o todos somos los culpables de la misma:
  • Nuestra baja productividad. Nuestros altos ingresos en relación a lo que producimos, aunque nosotros siempre tendemos a pensar que estamos tremendamente mal valorados.
  • Nuestra responsabilidad al elegir a los líderes políticos.
  • Nuestro estilo de vida y consumo.
  • La irresponsabilidad del Sector Financiero, por jugar en bolsa con dinero ajeno, sin consentimiento para ello por parte del interesado.
  • El intervencionismo de los Gobiernos en la economía para alterar ésta de forma artificial.
Al final, resulta que estamos intentando combatir la recesión cuando es la propia recesión lo único natural al mercado, es decir, la recesión es el comienzo de la recuperación económica y la demostración de cómo la economía se regula automáticamente cuando se eliminan de los libros de contabilidad esos pequeños apuntes que la pervierten.  

La recesión es el proceso de la economía para ponernos a todos en nuestro sitio, una cura de humildad que necesitábamos como el comer. 

En cualquier caso, el ser humano es un ser inconsciente por naturaleza, la inconsciencia en este caso se define como: "la capacidad de realizar las mismas acciones una y otra vez esperando un resultado distinto cada vez".

Por lo que alguien dará en algún momento con la clave de la nueva burbuja y recomenzará el proceso, se volverá a dar crédito alegremente, como si nunca antes hubiésemos sufrido una burbuja. Quién sabe, pueden ser las energías renovables, o los servicios sanitarios  o …, cualquier cosa “que siempre crezca y nunca baje”: la escasez de recursos fósiles, la esperanza de vida del ser humano …, opciones hay muchas.

Ya sé que con este Post no digo nada nuevo que no sepamos todos, pero me parece interesante tenerlo presente para que no caigamos una y otra vez en las típicas quejas a los típicos destinatarios, hagamos autocrítica y pensemos qué podemos hacer cada uno en lo que nos toca y nuestra responsabilidad para corregir la situación.