jueves, 24 de octubre de 2013

La mal llamada "Ley de cookies" o cómo legislar por encima de nuestras posibilidades

Como bien saben los lectores asiduos de este blog, es decir, mi hermano y yo mismo :-), recientemente he participado en el programa "Entrada Libre" de ETB2, presentado por Vanessa Sánchez, para hablar sobre la mal llamada "Ley de cookies", que ni siquiera es una Ley y, en todo caso, debería llamarse "Ley anti-cookies".

Un tema muy de actualidad entre quienes nos dedicamos a esto de la privacidad y protección de datos de carácter personal, pero un gran desconocido entre la inmensa mayor parte de la ciudadanía - y, además, creo que al público en general, si fuera conocedor de ello, "le importaría un pimiento".

Además, se trata de un tema:

- Absolutamente cambiante. Por favor, señores legisladores, autoridades de control, etc., reflexionen y no cambien la norma, criterios, ... cada cuarto de hora, ¿dónde quedan la seguridad jurídica y la confianza legítima?.

- Que, en mi opinión, no deja de intentar poner "puertas al campo". Los "herederos del derecho romano" creen que el derecho puede y debe abarcar todas y cada una de las actividades humanas de forma absolutamente exhaustiva, vamos como el gas que tiende a ocupar todo el recipiente que lo contiene, aunque es patente que como el séptimo de caballería siempre van detrás de los indios, y, en ocasiones, incluso el desconocimiento que tienen de aquello sobre lo que pretenden legislar.

- Sobre el que se legisla únicamente desde la perspectiva de la "protección a ultranza del usuario" - yo creo que mal entendida -, sin entrar en otras consideraciones que entiendo fundamentales, tales como:
  • Desconocimiento de los propios usuarios, que van a recibir un "bombardeo" de mensajes absolutamente ininteligibles para el "común de los mortales"; que hará que en la práctica: estos no naveguen por aquellas páginas web que cumplan la normativa - por temor, consecuencia de dicho desconocimiento -, o, en el caso de que decidan proseguir con la navegación, se penalice la usabilidad del sitio web y, además, sin ninguna eficacia respecto a lo que se pretende conseguir, ya que, en base a ese desconocimiento y como suele ser habitual, la mayoría de los usuarios se limitará a pulsar "Aceptar" sin leer ningún tipo de información adicional, o tras aburrirse a la segunda línea de un texto absolutamente farragoso, o, si la leen total o parcialmente, sin haber entendido un carajo. 
  • Desconocimiento de quienes de forma mayoritaria tienen que cumplir la normativa (en la práctica cualquiera con una página web: pymes, micropymes, autónomos, bloggers,...) y que, además, no disponen de los conocimientos técnicos y medios que las grandes compañías tienen para ello.
  • Complejidad técnica para su cumplimiento; cada vez mayor exigencia y, en consecuencia, mayor dificultad técnica para la implementación de las medidas pertinentes, cuando es posible implantarlas.  
  • Sensibilidad de los datos almacenados y tratados por las "cookies". Se establece "tabla rasa" en cuanto a las exigencias para su uso, salvo para algunas "cookies" exceptuadas del cumplimiento de la normativa, éstas son las mismas con independencia de su tipo (de preferencias, de análisis, técnicas, de publicidad comportamental, etc.).
  • Inhibición del crecimiento económico de la UE que ello conlleva, al afectar a un sector económicamente estratégico.
  • La utilización de las "cookies" contribuye en gran medida a la gratuidad de Internet. Si se limita su uso hasta el extremo es posible que en un futuro próximo haya que pagar por servicios que ahora recibimos sin coste alguno. ¿Estamos dispuestos a pagar por lo que hoy recibimos de forma gratuita?.   
  • Desventaja competitiva en la que se sitúa a los actores ubicados en territorio europeo frente a compañías extranjeras que no están sujetas a regímenes sancionadores tan duros o incluso que no están sujetas a ningún tipo de régimen sancionador - por mucho que el legislador europeo se empeñe en que afecta por igual a todos los que operen en Europa.
Además de todo esto, no hay que olvidarse de que, además e inexcusablemente, en el caso de recabarse mediante las "cookies" datos de carácter personal, hay que cumplir con la normativa vigente en materia de protección de este tipo de datos.  

No voy a ser yo quien diga que no hay que legislar el uso de "cookies" y de mecanismos análogos en la medida que estos puedan tener efectos negativos en la privacidad de las personas, pero tampoco voy a afirmar que me parece adecuada la forma en la que actualmente se está haciendo, aunque es muy posible que ésta vuelva a cambiar mañana mismo.



Os dejo el guión que preparé para la entrevista que me hicieron en el programa de ETB 2 y a la que he hecho referencia al inicio de este post; una reflexión personal que intenté plasmar de la forma más comprensible posible para el público en general:


Y un enlace a un artículo, vía www.lawyerpress.com, en el que en mi opinión "lo explican de cine""Criterios sobre cookies que publica el Grupo de Trabajo del Artículo 29".

lunes, 21 de octubre de 2013

Certidumbre irracional

Hace una semana Xabier López, químico cuántico y profesor en la facultad de la EHU en Donostia, me pidió que tratara de explicar en mi blog (en realidad es el "Blog de García Larragan y Cía") el  por qué del premio nobel de Economía de este año, y una especie de traducción práctica para el gran público.

Un emplazamiento de alguien cuya labor divulgativa sobre la física y química cuántica tanto admiro y trato de seguir gracias a su blog "Función de Jota"; entretenido, y a veces lo suficientemente sencillo como para que alguien curioso como yo pueda acercarse a lo más básico e interesante de esa materia. No digo que yo lo haya conseguido, pero sí afirmo que Xabier lo intenta con verdadera capacidad docente, y lo explica tan bien que es de agradecer. La torpeza propia no debe restar mérito a quien pretende divulgar una materia tan compleja y apasionante a la vez.


Pues bien, hace poco le pedí lo mismo sobre los premios de física y química de este año ("Bailando con Proteínas y el Nobel"), y, en buena lid, me solicita un esfuerzo similar. Con una desventaja por delante: que su formación técnica es estratosféricamente incomparable a la mía, humilde periodista sin más formación económica que la que me ofrece leer y preguntar a gente que sabe, y que yo sé que sabe.

Hecha esa salvedad, y aceptado el reto (más vale tarde que nunca) aclaro que acudo a dos fuentes:

La primera de ellas es el catedrático de Economía de la universidad de Columbia (USA) y antiguo profesor de Yale (en donde imparte clases uno de los premiados), Xavier Sala i Martín, seguramente uno de los expertos que mejor divulga, y con absoluta solvencia, todo esto de la Economía y la importancia que tiene en nuestra vida cotidiana. Soy lector asiduo de lo que pública, y seguidor de su blog.

Y la segunda fuente es más directa. Estoy inmerso en la lectura de uno de los últimos trabajos (sino el último) de uno de los tres premios nobel de este año. Se trata del libro escrito por Robert Shiller (uno de los tres y profesor de Yale) y George Akerloff titulado "Animal Spirits", una expresión acuñada en su día por Keynes y que ya nos da una primera pista acerca de su línea de pensamiento principal (que no unívoca).

Hecha esta necesaria aclaración acerca de mi modesta aportación, vamos con lo que creo haber captado. El comité del nobel premia a una corriente y su contraria. De ahí lo del título de mi artículo: "Certidumbre irracional":

Eugene Fama se ha destacado por su defensa acerca de la racionalidad de los mercados; cuando compramos una acción o realizamos una operación financiera, lo hacemos de forma racional, sopesando toda la información que sobre determinados activos, valores,  personas o  empresas  tenemos en ese momento. Es decir, en nuestro actuar económico prima la razón (lo que sé) sobre la 'intuición' (lo que no sé).

Robert J. Shiller, por el contrario, es un firme defensor de la 'irracionalidad’ de los mercados. Si bien es cierto que (casi) nadie cree que compra nada a lo loco, también lo es que en nuestra toma de decisiones influyen más de lo que pudiéramos creer los ‘comportamientos animales’ propios de nuestra especie, y que nos hacen funcionar en la gran mayoría de las ocasiones fuera de toda lógica; compramos determinadas acciones porque ‘están de moda’ (por ejemplo, las tecnológicas, cuya compra masiva generó en el 2000 la famosa burbuja de las punto.com), y no porque, aunque pretendamos lo contrario, seamos unos ’buenos inversores’. Por el mismo motivo, vendemos acciones no porque creamos que una empresa perderá valor a medio plazo, sino porque alguien decide hacerlo, llega a nuestros oídos, y genera una auténtica estampida que no corresponde a la situación financiera real de la empresa o país afectado. Seguro que a todos se nos ocurre más de algún caso. Es el típico caso de ‘pánico sin motivo aparente’, tan presente en lugares en donde se reúne una multitud que de repente trata de escapar apresuradamente por salidas estrechas aunque no se haya activado una alarma real.

Shiller mantiene que la economía, al igual que todas las decisiones humanas, tiene más de ‘confianza’ y por lo tanto de comportamiento no necesariamente racional, que de ciencia pretendidamente ‘exacta’. Y pone como ejemplo la crisis actual, no predicha en sus actuales términos por nadie (o casi nadie). Robert J. Shiller se ha dedicado buena parte de su vida a demostrar esa teoría.

Es la discusión de los modelos resultantes de la gran depresión del 29: el de Keynes contra Hayek; el de la intervención (gasto) del estado en crisis profunda para revitalizar la economía porque no es esperable un comportamiento racional de la gente en plena crisis, contra el de la NO intervención y reducción de gasto a toda costa para salir a flote porque la gente entenderá que sólo ahorrando en su justa medida será posible mantener a salvo la economía. Según esta última teoría, las cosas (el mercado) se arreglan solas gracias a la interacción racional de empresarios, trabajadores y consumidores. Ésta última tradición es heredera directa de ‘la mano invisible’ de Adam Smith; cuando llega la crisis, el comportamiento racional de unos y otros en busca del mutuo beneficio llevará a la salida por si sola, como si el mercado fuera guiado por una especie de ‘mano invisible’.

¿Por qué premiar a dos corrientes antagónicas a la vez?. Es una buena pregunta, con la que seguramente tenga mucho que ver que la doctrina económica no ha resuelto definitivamente la batalla a favor de ninguno de los dos, independientemente de que Keynes fuera percibido como el gran vencedor, al aplicarse su teoría del ‘gasta hoy para crecer, y paga mañana’ con la que EE.UU y Europa salieron del agujero tras la segunda guerra mundial. Como es fácil de observar, hasta ayer mismo la teoría predominante, al menos en Europa, era la contraria, la de ‘reduce gasto a toda costa, ahorra hoy y crece mañana’. Algo que, vistos los resultados, ahora se está cuestionando.


En resumen, la historia reciente habla de dos modelos interconectados, con éxitos y fracasos sucesivos, que han alumbrado a republicanos fuertemente ‘keynesianos’ (Richard Nixon) o a demócratas predominantemente ‘hayekianos’ (Bill Clinton). Una contradicción en sus propios términos que la academia sueca resuelve premiando la solidez intelectual de los dos investigadores.

Por cierto, el tercero en discordia, Lars Peter Hansen, es un teórico premiado por sus ’métodos empíricos sofisticados que permiten ver cuál de las dos visiones del mundo es la correcta’.  Lo afirma el profesor Xala i Martín,... y como decirlo: de momento, mi curiosidad no llega a tanto.